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La profesión informática

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Javi Román

Roger Puig

Formación de un informático

Ingeniería informática

La Ingeniería informática es una rama de la ingeniería que consiste en la aplicación de la tecnología a la planificación, organización y construcción de sistemas capaces de procesar y almacenar la información de manera automática, aplicados a cualquier ámbito.

Uno de los componentes fundamentales de estos sistemas es el software, y la ingeniería informática comprende multitud de técnicas y conocimientos específicos para el diseño, construcción y mantenimiento de software, sujetos a restricciones de calidad, tiempo y coste. Muchas de estas técnicas se agrupan en lo que se conoce como ingeniería del software.

Por lo que se refiere al soporte físico, la Ingeniería Informática se fundamenta en la actualidad en la tecnología electrónica para el soporte físico de sus procesos, en particular en la integración de cientos de miles o millones de transistores en circuitos lógicos. El conjunto de dispositivos físicos capaces de cumplir las funciones de la Ingeniería Informática se denomina hardware.

Además de los aspectos puramente técnicos de los sistemas informáticos, la ingeniería informática se ocupa de muchos otros aspectos de tipo organizativo, social o legal. Por ejemplo, los relacionados con la planificación, dirección y control de proyectos informáticos; la auditoría y control de sistemas de información; la realización de peritajes informáticos, etc. La carrera es conocida en inglés como computer science y consta de 4 años en casi cualquier país. En España son 5 años, aunque se reducirá a 4 debido al tratado de Bolonia y se equiparará el número de créditos actuales al sistema ECTS ó crédito europeo. Es importante destacar que en otros países hispanohablantes la carrera se llama de otro modo.

ECDL

ECDL es la acreditación internacional europea que otorga el reconocimiento de poseer una formación básica y completa en informática a nivel de usuario. Gestionada por la Fundación ECDL, la acreditación está implantada prácticamente en toda Europa y, bajo las siglas ICDL, en el resto del mundo.

El destinatario de la ECDL es toda la ciudadanía en general que, con independencia de su nivel académico y de su profesión, desee o necesite acreditar sus conocimientos y habilidades sobre las Tecnologías de la Información.

Surgida como una iniciativa del Consejo Europeo de Asociaciones Profesionales de Tecnologías de la Información (CEPIS) para promover y aumentar la competencia de los europeos en el uso de las Tecnologías de la Información, la acreditación ECDL ha sido recomendada por la Comisión Europea (doc1) (doc2) y goza de reconocimiento oficial en varios países por parte de algunas de sus administraciones. En España, la implantación de la ECDL está supervisada y canalizada a través de la Asociación de Técnicos de Informática.

La acreditación se obtiene tras superar un test que puede realizarse en cualquiera de los Centros de Pruebas Homologados repartidos por todo el estado. Los conocimientos y habilidades requeridos a los candidatos están claramente estructurados y detallados en el temario Syllabus.

"Me equivoqué al estudiar Ingeniería Informática"

Advice for Computer Science College Students Consejos para estudiantes de Informática (en inglés)

Definición profesional de un informático

Debido a la profunda relación con el usuario se debe marcar claramente los límites de los informáticos: En España, en el ámbito jurídico, existe la responsabilidad civil profesional que contribuye a definir normas aplicables a su ejercicio, pero el control del ejercicio de la profesión no está controlado por organizaciones profesionales con personalidad jurídica como puede ser el Colegio de médicos o el Colegio de abogados. Por otra parte, dicho reconocimiento de la corporación profesional ha sido ampliamente demandado por los profesionales de la informática, pero ésta debe superar diversos problemas institucionales, políticos y económicos y hoy, en 1999, todavía, lamentablemente, no es una realidad. La pregunta que cabe hacerse para poder llegar a una ética y una deontología del informático, es si esa profesión está reconocida como tal en el ordenamiento legal de cada país. Hablaremos solamente de España, entendiendo que la mayoría de las consideraciones en el ámbito español son extrapolables en general a cualquier otro país occidental. En España no existe reconocimiento legal de la profesión, como está establecida para los médicos, abogados, ingenieros, enfermeros o economistas, por citar algunas profesiones significativas. Existen algunas asociaciones profesionales de carácter general, pero cuyas atribuciones no llegan a ser las de los colegios profesionales, aunque no dejan de ser asociaciones profesionales de mayor o menor prestigio, pero centradas en la formación, investigación, etc., de sus miembros, si bien tratan de luchar por conseguir la colegiación como fin último. A destacar: ALI (Asociación de Licenciados en Informática) y ATI (Asociación de Técnicos en Informática) de marcado carácter profesional; AEIA (Asociación Española de Informática y Automática) de marcado carácter universitario y científico. El reconocimiento del status profesional es algo complicado por diversas razones, que vamos a analizar a continuación: El primer problema importante es el planteado por la imprecisión y la extensión del campo o competencias profesionales; la informática, fundamentalmente, es una técnica que está introducida en todas partes y que recurre a niveles de conocimientos muy dispares, que van desde el usuario al diseñador o ingeniero de software/sistemas, pasando por el operador (cada vez mas confundido con el de un usuario de PC), programador, analista o especialista en interfaz hombre/máquina (a este panorama hay que añadir todos los puestos de trabajos relacionadas con la informática distribuida, las intranets e Internet). Esto implica que el campo de prácticas informáticas no es monopolio exclusivo de los informáticos, ya que en la profesión − si no se define adecuadamente − caben casi todas las personas que usan un PC con fines profesionales. De hecho, a la informática se puede acceder desde numerosas carreras y centro/escuelas profesionales/universitarios, que van desde FP−II y FP−III en Administración, Electrónica e Informática, hasta físicos, ingenieros industriales, ingenieros de telecomunicación, matemáticos junto con licenciados/ingenieros en informática o diplomados/ingenieros técnicos en informática. Y eso sin tener en cuenta el número de personas que, procediendo de estudios o carreras no vinculadas a la informática y/o las telecomunicaciones, se han formado en plan autodidacta o en centros y academias privadas o pertenecientes a las grandes casas comerciales, y que en función de su formación original han sido recicladas en las nuevas tecnologías de la información. Esta situación no se da en ninguna de las profesiones reconocidas que requieren un título para el ejercicio, libre o no, de la profesión; circunstancia ésta, que hace que la problemática de la profesión sea especialmente complicada y que por el momento no pueda decirse como va a resolverse e incluso si llegara a una solución análoga a la de otras profesiones más tradicionales e institucionalizadas. Añadamos que esta situación está más definida en el campo de las comunicaciones, lo que hace que un campo tan actual como es la actividad profesional de la telemática esté en estos momentos carentes de un marco colegial. El segundo problema, íntimamente relacionado con el anterior, es de naturaleza política: en caso de existir una relación en cuanto a asociaciones profesionales, ¿quién puede pertenecer a la asociación que concede el status de la profesión? En la mayoría de las asociaciones españolas y extranjeras, el criterio de admisión es la posesión de los conocimientos requeridos para ejercer la actividad. Estos conocimientos se acreditan generalmente por el título FPII, FPIII, Diplomatura/Ingeniería Técnica y Licenciado/Ingeniero en Informática, pero en España, tanto las empresas como la Administración, contratan en muchos casos a titulados de otras profesiones si acreditan experiencia práctica en el campo informático que demandan. La tercera pregunta es de orden económico: ¿Qué privilegios tendrán los miembros de la profesión informática? Es también de difícil definición y aplicación. El título de informático profesional o informático se adecua a realidades de prácticas muy diversas. ¿Cómo se puede impedir a una persona, calificada o no, declararse consultor en informática? Por otra parte, muchas profesiones con diploma universitario o no, exigen el uso de herramientas informáticas, por ejemplo ingenieros de caminos, o arquitectos que realizan sus cálculos con programas de software propios o adquiridos en el mercado, o los contables y gerentes que proceden a la verificación informática de sus cálculos sobre la base de normas reconocidas en la profesión.

Mundo laboral

La profesión

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Como acabamos de señalar el interés desde las ciencias sociales por las profesiones es reciente. Los análisis sociológicos sobre las profesiones comenzaron fijándose en profesiones tradicionales como es el caso de médicos, farmacéuticos abogados, arquitectos e ingenieros, que representan la esencia de la profesión liberal. Recientemente, otras profesiones y profesionales como tales han sido objeto de análisis: policías, deportistas, sociólogos, trabajadores sociales, relaciones públicas, entre otros. Sin embargo, la de informático sigue sin despertar el interés de los sociólogos u otros investigadores sociales. Quizá el hecho de ser todavía una profesión en ciernes disuade a muchos de adentrarse en ella. Creemos que éste es un hecho que no debería alejar el interés, sino incluso alentarlo. El hecho de ser una profesión que se está formando nos puede iluminar sobre aspectos dinámicos de los procesos de profesionalización, algunos de los cuales luego pueden pasar desapercibidos.

La profesión de informático aparece en un momento clave de transformación de las sociedades contemporáneas, el decenio de 1970, cuando el ordenador comienza a extenderse en el mundo de la empresa y la administración. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han operado cambios profundos en prácticamente todas las facetas del mundo del trabajo, la profesionalización incluida. Podemos decir que la profesión de informático es producto, por partida doble, de ese mundo. Unas tecnologías que reorganizan toda la estructura ocupacional, incidiendo profundamente sobre el mercado de trabajo y que, al mismo tiempo que crean nichos en su seno que podrán las bases para el surgimiento de la profesión. Es plausible prever que el ejercicio de las profesiones y con ello la idea de profesionalidad se va a ver afectada por tales cambios sociales. De modo especial, las nuevas profesiones son las más vulnerables ante ellos. Asimismo, es factible pensar que estos nuevos profesionales, los informáticos como también el resto, tendrán como referente valorativo y social el modelo profesional anterior, frente al cual valorarán su estatus y sus expectativas.

En este sentido, es interesante fijarse en cómo los nuevos profesionales tratan de crear organizaciones, identidades, símbolos, códigos deontológicos y, sobre todo, de delimitar y perfilar un campo para el ejercicio profesional que se percibe confuso, selvático, permanente asediado y transgredido por otros agentes externos e internos. Con respecto a ello es interesante ver cómo se percibe esa indefinición y qué estrategias adoptan para hacer frente a ella.

Todo ello en un contexto que determina un nuevo modelo de profesionalización en el cual ya no es posible alcanzar las cotas de poder, prestigio y monopolio alcanzadas por las profesiones clásicas, pero que en modo alguno rebaja las exigencias competenciales y cognitivas. Esta falta de logro social, junto a esta disonancia es a veces percibida como un "fracaso", que es explicado por los propios agentes en clave interna y puesto en relación con la naturaleza de la profesión o, a veces también, a la falta de un espíritu colectivo por parte de sus miembros. Para nosotros tiene una lectura y una explicación externa. Pensamos que esta situación no es en absoluto exclusiva de la informática, sino que sería extensible, en principio, a todas las llamadas "nuevas profesiones" y en parte a las viejas, afectadas, en mayor o menor medida, de la legitimidad de momentos anteriores, mas no de nivel de exigencia. En ese contexto no es menos interesante estudiar cómo se ha ido generizando la profesión en sus pocos años de existencia, un proceso, por supuesto inacabado y a cuya evolución convendría estar atento.

La denominación "informática" para referirse al ámbito temático que nos ocupa y, derivada de ella, "informático", para hablar de sus estudiantes, trabajadores y profesionales no son términos de uso generalizado en todos los países. En el ámbito anglosajón, pero también en América Latina, se usa antes el de "computador" (computer) El término "informática", que fue adoptado en Francia en el año 1962, es un neologismo que proviene de la contracción de las primeras y las últimas sílabas, respectivamente, de las palabras "información" y "automática". En España se reconoció de manera oficial en 1968 al crearse en Madrid el Instituto de Informática (Llansana 1976).

El término se acuñó con el fin de referirse al tratamiento automático de la información. Dicho tratamiento conlleva las tareas de almacenamiento o memoria, cálculo, control y comunicación aplicadas a actividades o procesos concretos. A la máquina que realiza todo ello, en castellano se la denomina "ordenador" o computadora, del inglés "computer", uno de cuyos sentidos es el de calcular. Esto se debe a que uno de los principales objetivos que se perseguía al crear los primeros los ordenadores era agilizar y facilitar las operaciones de cálculo matemático. De hecho la concepción que se tenía de tales máquinas en tales momentos era la de "máquinas calculadoras", aunque luego ese objetivo inicial se ha trascendido

Los informáticos (en inglés "computer scientists") serían, pues, las personas que se encargan de que las máquinas, es decir, los ordenadores lleguen a hacer las tareas para que se les programe y, claro está, el propio programa. Éste no es más que un conjunto de instrucciones escritas en un lenguaje específico con el que la máquina puede realizar determinadas operaciones automáticamente. No en vano la imagen más difundida y popular del informático es la de la persona que realiza tales programas. Realmente, los informáticos hacen muchas otras tareas, y ni ésta es la principal ni la más generalizada; ni siquiera la mejor considerada ni económica ni profesionalmente.

La diversidad terminológica puede ser un inconveniente inicial a superar. En el mundo anglosajón, y concretamente en Estados Unidos, el país de donde proviene esta innovación tecnológica es otra la terminología imperante. Los estudios de informática reciben allí la denominación de "computer science" y los profesionales, en concordancia con esto, son "computer scientists". Esta ambigüedad entre ciencia y tecnología es uno de los muchos elementos que contra una definición y acotación de la profesión. Creemos que deriva de la incorporación de una actividad, artefactos y cuerpo de conocimientos que vienen de fuera a estructura académico-profesional y a una sociedad distinta. En Estados Unidos, donde la imbricación entre investigación básica e innovación tecnológica es muy grande, el apellido "scientists" (científico) no conlleva un gran problema de identidades. En España, en cambio, sí lo hay. Aquí podemos encontrar un conflicto entre lo ingenieril y lo científico que se ha reflejado sobre todo en la denominación de los estudios y en la consiguiente identidad profesional de los titulados universitarios, la cual incide sobre la perspectiva de la generización que estamos tratando. Tengamos presente que la opción tecnológica tanto las carreras universitarias como en los estudios de Formación Profesional es una preferencia eminentemente masculina, y que está próxima al 80 por ciento.

En marzo de 1976 se aprueba oficialmente la creación de las Facultades de Informática de Madrid, primero, y unos meses después de Barcelona y San Sebastián, quedando incorporadas a las mismas el Instituto de Informática de Madrid y al Centro de Informática de San Sebastián. En junio se crean los planes de estudio. Y en el curso 1978-1979 echa a andar la primera promoción. Habían pasado tan solo diez años desde que se dieron los primeros pasos en la institucionalización de dichos estudios en España.

Los primeros ordenadores se instalan a finales de la década de los cincuenta. Se citan RENFE y General Eléctrica Española como las dos primeras empresas que introdujeron los ordenadores en España en 1959. El inicio del crecimiento de la informática en España empezará a producirse en la segunda mitad de los sesenta. La instalación de equipos va en progresivo aumento por parte de empresas y la administración pública. Empiezan a surgir entonces numerosas academias privadas para cubrir una creciente demanda. Esta demanda social se vería satisfecha en 1969 con la creación, por parte del INI, del Instituto de Informática, por así decirlo, el primer centro oficial de enseñanza de esta materia. Junto con la creación de dicho instituto, se creó también el título de informático, así como también los requisitos que debían cumplir para acceder a él.

Cuando en 1969 el Gobierno crea el Instituto de Informática, que dependía del Ministerio de Educación y Ciencia, ya existían diversos centros de enseñanza privados impartiendo formación y también muchos trabajadores en el sector. Esto creó una serie de problemas en torno a la convalidación y homologación de títulos que desembocaría en el año 1972 cuando, con los criterios de convalidación establecidos, muchos de los profesionales que estaban en activo quedaron excluidos por carecer de una titulación superior. En 1970 se suma el Centro de Informática de San Sebastián. Ese año el Instituto de Informática de Madrid contaba con 1.300 alumnos que fueron 2.200 al año siguiente (AAVV 1981a). Los primeros centros oficiales donde se empezó a impartir informática fueron el Instituto de Informática de Madrid, el Departamento de Informática de la Universidad Autónoma de Barcelona y el Centro de Informática de San Sebastián.

Cuando en España se establecen los planes de estudios universitarios, los estudios medios, de tres cursos de duración, lo hacen como Diplomatura y los superiores, de cinco cursos, como Licenciatura. Sin embargo, casi desde el establecimiento de tales denominaciones, si no antes, existe dentro del colectivo una insatisfacción hacia estas. La demanda era ser "ingenieros", lo cual se consigue en la tercera modificación de los planes de estudios en el año 1996 (en 1993, para los Ingenieros Técnicos). Desde esos momentos, lo que antes era una Diplomatura pasa a ser una Ingeniería Técnica, mientras que la Licenciatura pasa ser una Ingeniería Superior. En las posteriores reformas de los planes de estudios las denominaciones van cambiando para referirse, bien a los actores, "ingeniero", bien al cuerpo de conocimientos, "ingeniería", alternándose también las preposiciones "en" y "de" tras el sustantivo y antes del adjetivo "informático" o "informática". Desconocemos las razones de tales variaciones.

Se ha tendido a presentar la anterior reivindicación, la de ser ingenieros, como una demanda lógica y de sentido común. Lo técnico es lo propio de los ingenieros. Aunque en principio parece que la demanda tenía mucho que ver con el hecho de firmar proyectos, no debemos menospreciar el prestigio simbólico que tiene la denominación "ingeniero", frente a la de "licenciado", propia de las titulaciones científicas y humanísticas.

Este elemento de apropiación simbólica del prestigio salta a la vista si comparamos la nomenclatura española con la estadounidense. Como ya hemos señalado, en Estados Unidos, el país del predominio tecnológico, a los informáticos reciben la denominación de "científicos", antes que "técnicos". Con esto no queremos entrar en la cuestión de si es mejor una denominación que otra, sino más bien apuntar la idea de que las identificaciones están asociadas a motivos de índole social y simbólica, más que ser fenómenos de índole esencial.

En el ámbito de la Formación Profesional no parece haber habido tanta indefinición y búsqueda de una identidad, seguramente por formar parte de las escalas inferiores de la profesión, ellos son los "técnicos". Se trataba de formar trabajadores con una alta componente práctica, básicamente operadores con conocimientos suficientes de programación. En este nivel de estudios no se da el alejamiento entre la formación y la práctica profesional que se da en los niveles universitarios, producto de la existencia de un gran número de asignaturas de contenido teórico o sin ninguna aplicación a la realidad laboral. De hecho, nos encontraremos con estudiantes que, insatisfechos con la formación universitaria por la razón que estamos mencionando, y sintiéndose incapaces de superarla, abandonan tales estudios y comienzan los de Formación Profesional.

Categorías profesionales

Como ya hemos visto y sostenido, mantenemos en este trabajo que las dificultades de la definición de la informática como profesión no son sólo internas a la actividad o una mera contingencia temporal. Pensamos que mucho tiene que ver con un cambio en lo que podemos llamar modelo de profesionalización. Esto no obsta para dejar de plantear una lucha por la definición, delimitación y clarificación profesionales.

De entrada nos encontramos con que la expresión "informático" se usa con independencia del nivel de estudios o titulación. Pensemos, por ejemplo, en el ámbito sanitario, donde tanto las categorías como las especialidades tienen una correspondencia con los estudios oficiales. En el ámbito que nos ocupa, el término "informático" se aplica a quien trabaja en él, con independencia de la titulación que tenga. E incluso aunque no la tenga. No está unívocamente ligado a titulación requerida para su ejercicio, aunque cada vez más sea así. A ello se añade que mientras en otras ramas, existe una denominación propia, según el nivel de titulación, aquí las denominaciones ingeniero informático o ingeniero técnico, apenas son usadas. Así, aunque dentro de la profesión se ha intentado definir esto haciendo corresponder las categorías profesionales con un nivel de estudio, que en realidad no se cumple.

Con relación a esa indefinición de la profesión de informático hemos detectado tres fuentes de indefinición. La primera deriva del ejercicio de alguna faceta de la profesión de personas que no han cursado los estudios específicos de informática, en cualquiera de sus niveles. Sin embargo, no es ésta una situación homogénea, ya que podemos hablar de profesionales que mantienen una relación profesional con la informática muy dispar. En este caso, podemos distinguir tres grupos de personas. En primer lugar, estarían aquéllos que ejercen o han ejercido activamente de informáticos y que se han formado por su cuenta. Este es el caso de los pioneros en el sector. Sus edades están por encima de los cuarenta, generalmente, en la cincuentena. En segundo lugar, personas que provienen de otras titulaciones: generalmente matemáticas, física, electrónica. En tercer lugar, se hallan otros profesionales que realizan tareas que se superponen en muchas ocasiones con las realizadas por los informáticos y cuyos límites resultan difíciles de establecer, si es que los hay. Sobre todo, éste es el caso de los ingenieros de telecomunicaciones y de los ingenieros industriales.

La segunda tiene que ver con la diversidad de posibilidades de acceder a una capacitación técnica en el campo de la informática. Empezando por las enseñanzas no regladas y terminando en las regladas y oficiales, o en los cursos de las empresas informáticas. Y dentro de las oficiales, el abanico va desde los ciclos formativos de grado superior a los estudios universitarios, con dos grados, el medio y el superior. Esto es, los de Ingeniería Técnica, con dos titulaciones y los de Ingeniería Superior. Y si finalmente las administraciones educativas se deciden a ofertar también un ciclo formativo de nivel medio, habrá una instancia de formación más.

Para todos ellos se suele emplear la denominación "informático", sin más especificaciones. Lo mismo que para las distintas categorías profesionales, que es nuestra una tercera fuente de indefinición y confusión. Un factor adicional de heterogeneidad viene derivado del momento en que los agentes entraron en los estudios o directamente en la práctica profesional.

Perfiles profesionales según ALI (Asociación de Ingenieros e Ingenieros Técnicoa en Informática) http://www.ali.es/modules/wfsection/download.php?fileid=42

Informe de salarios



salarios

Según la publicación COMPUTING de acuerdo a Hays, salarios (euros) de los perfiles en informática

Informáticos e informáticas

Como ya hemos visto, la de informático es una profesión predominante masculina; una generización que, en lugar de disminuir, en parte esta se ha acentuado con el tiempo. En nuestro trabajo empírico, que es el resultado de una toma inicial de contacto, y no un estudio extensivo sobre el campo –aunque no creemos que la realidad diste demasiado de lo que con ella hemos encontrado– podemos constatar esa generización en varios niveles y ámbitos.

De entrada es muy visible en el diferente acceso a los estudios como también en las preferencias que dentro de las posibles opciones existen dentro de los estudios en los diferentes niveles escolares, desde la Secundaria a la Universidad, pasando por la Formación Profesional. En segundo lugar, y aunque no tenemos datos empíricos, también se refleja en el diferente número de trabajadores y trabajadoras en el sector. E igual ocurre entre los enseñantes. Pero, dado que ese hecho es común a muchas otras profesiones, de lo que se trataría en tal caso es el tener datos comparativos.

Asimismo, dentro del mundo laboral, la generización es también bastante visible en la asignación de puestos y tareas, según sexo. Alrededor de ello ha surgido una ideología no totalmente encubierta, y bastante aceptada por trabajadores y trabajadoras, sobre la diferente capacitación técnica de unos y otras, la cual sin embargo, no se justifica o explica por las competencias cognitivas y conocimientos, sino a través de una serie de creencias, intereses, actitudes, usos, diferenciales, según hombres y mujeres; niños y niñas.

Dicha generización habría que verla en el contexto de las disciplinas y profesiones técnicas. Se ha constatado que las disciplinas tecnológicas atraen a más varones que mujeres. Si tenemos presentes unos datos globales aproximados, es estos últimos años la razón de mujeres que estudian las distintas ingenierías más Arquitectura Técnica y Superior es de 1 a 4 del total de alumnos. En las carreras científicas los porcentajes están más parejos, oscilando alrededor del 40 por ciento. Y en las de ciencias sociales y humanidades el número de mujeres está algunos pocos puntos por encima del de hombres. Sólo alguna ingeniería, hay igual o mayor número de mujeres que de hombres, pero ello no desmentiría esta división, sino que la confirmaría. Tomando como ejemplo las estadísticas de la Universidad Politécnica de Valencia de los años 2002, se pueden observar que hay casos como es el de Arquitectura en donde el número global de mujeres matriculadas está muy cerca del de los hombres. Y finalmente están los casos especiales de los estudios de Ingeniero Agrónomo, Ingeniero Químico o Ingeniero en Organización Industrial donde el número de mujeres matriculadas está por encima del de hombres. Ello supone que los porcentajes en ingenierías industriales, telecomunicaciones o informática, entre otras, el número de mujeres, frente al de hombres puede bajar del 20 por ciento.

Ciñéndonos ahora a la informática y, aunque sólo hemos podido recoger datos estadísticos diversos sobre los porcentajes de matriculación, sí se puede percibir una claro sesgo masculino en el sector, así como también variaciones significativas a lo largo de estos últimos treinta años. Podemos ver claras diferencias en los alumnos y alumnas que se matriculan en Informática, si atendemos a las tres generaciones antes aludidas.

Aunque no tenemos datos sobre el número de matriculados ni sobre el número de profesionales en la primera época, en una encuesta realizada por la revista Novática en el año 1979, más del 90 por ciento de los profesionales que respondían eran hombres. Exactamente un 90,4 por ciento, un 8,9 por ciento son mujeres y un 0,5 por ciento no contesta. Dicho datos deben tomarse solo con carácter orientativo. Pero creemos que reflejaría bastante fielmente la distribución inicial de profesionales de la informática. (Los datos están recogidos en los cuadros que aparecen más abajo).

Los datos anteriores pueden ser comparados con los datos de los alumnos matriculados en primeros cursos de informática en la segunda época o generación en la Universidad Politécnica de Madrid. El dato medio de las alumnas matriculadas entre los años 1978 a 1981, esto es, cuatro cursos académicos, y desde primero a quinto, es del 22, 3 por ciento para el Plan del Instituto de Informática y del 22,4 por ciento para el Plan de la Facultad.

Según los datos del INE, para toda España, en los tres cursos que van de 1987 a 1990, y sólo en primer curso, la media de mujeres matriculadas es del 29, 9 por ciento para la Licenciatura de Informática y del 27,3 por ciento para la Diplomatura en Informática. Un porcentaje alto, comparado con los momentos iniciales, pero también con la situación habida posteriormente.

Sin ser muestras representativas a nivel nacional, si nos fijamos en las estadísticas que nos ofrecen las dos universidades valencianas para los últimos cursos, nos damos cuenta que se ha producido un gran descenso en el número de matriculaciones de mujeres. Es más si lo comparamos con el resto de carreras técnicas advertimos que la informática está entre las más masculinizadas, sorprendentemente por delante de ingenierías como telecomunicaciones e industriales. Y lo mismo sucede en la Universidad de Valencia. Los datos se recogen en el cuadro que incluimos un poco más adelante.

En el caso de los datos de matrícula de la Universitat de València, observamos que en el curso 1997-98, en ingeniería informática hay matriculados un 82 por ciento de hombres y un 18 por ciento de mujeres. Dicha ingeniería es la más masculinizada, junto con Ingeniería Electrónica e Ingeniería de Telecomunicaciones que sólo la superan en un punto, un 83 por ciento. Si comparamos esos datos con las carreras más feminizadas, que son Pedagogía y Psicopedagogía, vemos que ambas están en el 86 por ciento de mujeres.

Teniendo presente la diversa procedencia de los datos, su heterogeneidad, no consideramos que puedan extraerse conclusiones válidas. Sin embargo, pensamos que son orientativos y que reflejan muy de cerca la realidad, aun faltando la pertinente comprobación.

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Globalmente, los datos nos ofrecen un tipo de profesión eminentemente masculina. Su carácter técnico, vinculado a la máquina, aunque no estrictamente mecánico parece atraer más a los hombres. Eso se comprueba también en aquellas ingenierías (incluida la Arquitectura) en las que predomina el sexo femenino como es la organización industrial o la agronomía. El escaso número de mujeres entre los informáticos de la primera época o generación, además, estaría muy vinculado a la todavía escasa presencia de mujeres en el mercado de trabajo. Por eso, el incremento posterior de mujeres en el mundo de la informática sería explicable por la doble incorporación de la mujer a los estudios superiores y al mercado de trabajo. Muchas mujeres entrevistas justifican su decisión de estudiar informática de modo bastante pragmático. Muchas entraron desconociendo el mundo de la informática, atraídas por las oportunidades en el mercado laboral, sobre todo en un momento en el que las cifras de desempleados no cesaban de aumentar. Los varones justifican más su elección apelando a la vocación y el interés. Sin embargo, no podemos decir que en aquel momento la informática como ocupación profesional tuviese una amplia imagen pública y que ésta estuviese bien perfilada. Para todos ellos era una profesión con futuro.

Lo que faltaría explicar es el posterior descenso del número de mujeres entrada la década de los 90. Creemos que una posible causa tendría que ver con la introducción en los hogares de los ordenadores y de los usos que en ella se le ha dado. Hasta ese momento el ordenador no está especialmente masculinizado o feminizado, aunque, como máquina que es, predomine una concepción androcéntrica. La llegada al hogar lo va a convertir en un juguete propio de los niños antes que de las niñas. Los videojuegos han sido una manera de poner en contacto a los niños varones con el ordenador y de socializarlos con éste (cfr. Levy 1984, Turkle 1995 y Kidder 1981). La generación de los ochenta estaba mucho más abierta en este sentido. Es la época de máximo ingreso de mujeres en las Escuelas Técnicas y Facultades. Parte de las que ahora están en las Ingenierías superiores provienen de esa segunda generación de la que ya hemos hablado.

Aunque no tenemos datos, los sujetos entrevistados nos confirman que dentro de los estudios hay una clara diferenciación entre las diferentes especialidades. Así, por ejemplo, en la Formación Profesional, los varones son mayoritarios en la especialidad Administración de Sistemas Informáticos (ASI). Mas equilibrada están las elecciones en Desarrollo de Aplicaciones Informáticas (DAI). E igual ocurre en el ámbito universitario entre las clásicas Informática de Sistemas e Informática de Gestión, respectivamente. A grandes rasgos, podríamos decir que una tiene que ver más con la máquina, el hardware y la otra con las aplicaciones y el software.

Esta diferenciación sexual no termina en los estudios, sino que se prolonga está presente en el trabajo. En el ámbito laboral se puede constatar una marcada división sexual en los puestos de trabajos y en las tareas asignadas. Hay tareas de las que se ocupan mayoritariamente los hombres como las de reparación, sistemas, seguridad, mientras que los cometidos de relación y atención a usuarios y de docencia son preferentemente asignadas a las mujeres. En relación con esto suele ocurrirles a muchas mujeres, cuando van a realizar una asistencia técnica, reparación o instalación que les pregunten si ellas "son el técnico". En el caso de los hombres se da por descontado que son el técnico cuando este se presenta para realizar su trabajo. En esa pregunta hay un implícito cuestionamiento de la competencia o capacitación de las mujeres para el desempeño de sus tareas.

Aunque no le hemos hecho, se podría seguir ahondando en esta diferenciación de género en las jerarquías profesionales, la cual sería producto de lo que acabamos de señalar, más del resto de causas que explican la dificultad de promoción y ascenso profesional de las mujeres en sus respectivos campos.

Finalmente, es también perceptible diferencias en actitud, interés, usos y tiempos por parte de hombres y mujeres. Si se han constatado a nivel cotidiano entre los usuarios atendiendo a la edad y el sexo, también las encontramos dentro de los estudiantes y profesionales. Las conversaciones que los hombres mantienen en el ámbito laboral, sobre todo las de carácter informal, pueden llegar a estar monopolizadas por cuestiones informáticas de todo tipo (componentes, programas, precios, etc.), en especial los equipos. Como lo expresa alguna de las entrevistadas, además, los hombres son muy dados a contar sus heroicidades. En el caso de las mujeres, y en el ámbito laboral, sus conversaciones técnicas sobre informática suelen limitarse a los contextos formales, siendo poco frecuente que en la conversación informal se mantengan largas conversaciones sobre los ordenadores y la informática. Según nos señalan en las situaciones informales, en todo caso hablan de problemáticas laborales y de relaciones humanas dentro del trabajo. Además, es muy difícil que prologuen las temáticas informáticas fuera del ámbito laboral, cosa que no es infrecuente en el caso de los hombres.

Las actitudes e intereses son muy distintas. Normalmente los hombres se interesan más por cuestiones cuantificables. Por ejemplo, la potencia de un equipo, la velocidad de un procesador, la velocidad de transmisión de un módem, la capacidad de memoria, el número de versión de un producto o la versión de un producto. Les interesa mucho estar siempre la última versión instalada. Las mujeres tienen un interés más general y adoptan una actitud que mira más por la función. Es decir, si sirve para el fin que se prentende.

Experiencias reales

Analisis de la oferta de trabajo

Las siete lecciones que aprendí tras siete años de experiencia laboral

El informático a domicilio

Presente y futuro de la profesión informática

Link Revista ComputerWorld 4-10 octubre 2002

Bibliografia


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